Mi boda con magia

Mi boda fue hace algunos años, pero la recuerdo con mucha alegría. ¿Sabes por qué? Porque realmente me divertí mucho y realicé todos mis sueños. Para comenzar, tuve un mago para bodas armonizando la fiesta. Esto me pareció una idea genial que luego más de un amigo me copió en sus respectivos casamientos. A mí se me ocurrió porque siempre he sido amante a este tipo de espectáculos. Desde niña mi padre me llevaba a los teatros cercanos a la casa para ver a los artistas que se presentaban. A mí me gustaban especialmente un mago de traje verde y corbata roja, con unos zapatos blancos y negros. Como podrán imaginar, un personaje tan pintoresco como ese es difícil de olvidar, aunque hayan pasado más de veinte años. Con el paso del tiempo dejamos de ir a esos espectáculos, pues yo fui creciendo y cambié un poco mis intereses. Ya quería salir con mis amigos de la escuela y hacer otras cosas fuera de la casa. Mi padre lo entendió y me dio libertad para crecer a mi gusto. Pero la verdad es que secretamente siempre recordé con mucho gusto los espectáculos de magia.

Pasó el tiempo y un buen día decidí casarme con Esteban, mi prometido por los últimos seis años. Nos conocimos en la facultad de Medicina cuando comenzamos a estudiar en la capital. Él quería ser pediatra y yo ginecóloga. En el último año de la carrera tomamos la decisión de casarnos para comenzar una vida en conjunto. Cuando tomamos la decisión de hacer los votos comenzamos los preparativos y nos dimos cuenta de que ninguno de los dos tenía mucha idea de esos temas. Nuestros amigos no estaban casados y nunca habíamos ido a una boda en condiciones. La última boda a la que fuimos era la de unos tíos lejanos y ya casi no lo recordábamos. En fin, que había que empezar de cero en la carrera de preparar una boda. Comenzamos por averiguar por alguna agencia de organización de fiestas y eventos sociales. Dimos con algunas por referencia de unos amigos y nos decidimos por una que nos pareció muy profesional. Cuando estábamos eligiendo los dulces, las flores, los manteles, el vestido de la dama de honor, los trajes de los padrinos, los anillos… nos dimos cuenta de que habíamos olvidado lo más importante: ¡la actividad cultural de la fiesta! Mi novio quería un cantante y yo un mago. Finalmente nos decidimos por este último.

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